sábado, 6 de julio de 2013

No humillar a nadie




No podemos recibir la humildad de Dios si primero no hemos hecho todo lo posible por no humillar nosotros a nuestro prójimo. Humillar a alguien es mucho más fácil de lo que parece, con frecuencia sin que ni siquiera lo sepa y sin que por nuestra parte parezca anormal.
Humillar a alguien es tratarle como inferior a uno mismo; es estimarle, aunque esté ausente, menos que a la propia persona.
En mi opinión, casi siempre humillar a alguien es estar seguro de que no sólo es inferior a nosotros, sino que además ello nos concede unos privilegios que ni siquiera se nos pasa por la cabeza poner en tela de juicio.




Madeleine Delbrêl

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada