jueves, 27 de agosto de 2020

Los ceros y el infinito

 

No podemos creer a la vez en el azar y en la Providencia. Creemos en la Providencia, pero vivimos como si creyésemos en el azar, y de ahí provienen las incoherencias de nuestra vida, sus malas agitaciones y sus malas pasividades.

Soportamos lo que hemos elegido...; ésos son nuestros ceros: cero de la profesión impuesta, de los compañeros , de la clientela anónima, de las visitas profesionales...

¡Cero!¡Cero!¡Cero!

A otras circunstancias, a otros encuentros, a otras obligaciones, les atribuimos los coeficientes 2,5,7... de voluntad divina. Concentramos en ellos lo mejor de nuestras energías, como si nuestra vida empezase ahí.

Y, sin embargo, cada mañana recibimos de manos de  Dios nuestra jornada entera preparada por Él para nosotros. No hay nada de más ni nada de menos, nada indiferente y nada inútil. Esa jornada es una obra maestra que nos pide que vivamos. Nosotros la miramos como una hoja de agenda, marcada por una cifra y un mes. La tratamos a la ligera, como una hoja de papel... Si pudiésemos registrar el mundo y ver elaborarse y componerse esa jornada desde el fondo de los siglos, comprenderíamos el peso de una sola jornada desde el fondo de los siglos, comprenderíamos el peso de una sola jornada humana.

Y si tuviésemos un poco de fe, desearíamos arrodillarnos ante nuestra jornada cristiana.

Estamos "cargados" de una energía que no es proporcional a las medidas del mundo: la fe que mueve montañas, la esperanza que niega lo imposible y la caridad que hace arder la tierra.

Cada minuto de la jornada, estemos donde estemos y hagamos lo que hagamos, permite a Cristo vivir en nosotros entre los hombres.

Entonces ya no se trata de evaluar la eficacia de nuestro tiempo.

Nuestros ceros multiplican el infinito.

Asumimos la dimensión de la voluntad de Dios.


Madeleine Delbrêl

Editorial Sal Terrae

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