No ocupes tu corazón ni lo enredes en cosa alguna que no conduce a tu propósito. Vela con sumo cuidado sobre la guarda de tu corazón... Por eso nada salga de tu corazón ni entre en él a no ser que antes hayas discernido atentamente si es de Dios o viene de Dios y lleva a Él. Ama a Dios y búscalo intensamente. Poséelo a Él solo en tu corazón, enciérralo dentro de ti recogiendo tus sentidos y unificando tu potencia. Sumerge tus pensamientos y enciérralos en la llaga del costado de Cristo. Y tú entra en ella y permanece quieto allí.
Lanspergio.

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