...hay que evitar la ociosidad en el ocio mismo. Huye, pues de la ociosidad, madre de las chocarrerías y madrastra de las virtudes. Entre seglares, las palabras maliciosas no pasan de ser palabras maliciosas; en boca del sacerdote son blasfemias. No obstante, cuando surjan tal vez sea prudente tolerarlas, pero nunca repetirlas. Lo mejor es cortarlas con gracia y disimulo, encauzando la tertulia hacia temas amenos que puedan interesar y así eclipsar a los anteriores. Consagraste tu boca al Evangelio, no es lícito abrirla maliciosamente. Acostumbrarse a ello es sacrilegio. Los labios del sacerdote han de guardar el saber y en su boca se busca la doctrina, no la picaresca y el chisme.
SAN BERNARDO DE CLARAVAL.
EDICIÓN PREPARADA POR
LOS MONJES CISTERCIENSES DE ESPAÑA.
BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS.

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