Ut Ómnibus Glorificetur Deus (para que en todo sea glorificado Dios).

Santa Regla de San Benito, capítulo 57.

martes, 1 de septiembre de 2026

La salvación radica en un consensus


 

Si la plena libertad supone el consentimiento, consensus, la salvación radica en el consensus: <<Consentire salvare est>>. El consensus disuelve la dualidad y re-integra la com-unión. La unidad en el matrimonio de espíritus, como veremos, va a consistir <<en la unión total y perfecta por el consentimiento unánime de cada una de las partes>>. Este consensus es una vuelta del hombre hacia Dios, hacia la región de la semejanza.

<<la libertad de pecado>> se va afianzando en nosotros día a día, <<quotidie et paulatim>>; pero nunca llegará a la consumación mientras subsista en nosotros la concupiscencia de la carne. Este asunto marca un proceso paralelo al del amor. <<la libertad de miseria>> no es de esta vida; <<la libertad de la gloria>> se nos descubre en nuestra historia <<muy rara y esporádicamente>>.
Hasta aquí la comprobación de la propia realidad. ¿Qué hacer? <<Intendere sibi>>, entrar en el propio corazón descubriendo y confesando la miseria. De este modo, el orgullo se trocará en humildad, inicio de la sublimación. Comienza un proceso en cuatro estratos superpuestos: <<ad cor, in corde, de corde, y supra cor>>. Por eso los maestros espirituales de Cîteaux no olvidan nunca el binomio característico del carisma cisterciense: misterio del hombre alma-amor. Y si traducimos <<misterio del propio conocimiento>> por humildad, tenemos, de una parte, tratados que versan acerca del alma, y de otra, los tratados sobre el amor; porque <<penetrar en sí mismo es un entrenamiento con Dios>>. 
Guillermo de Saint-Tierry, más intelectual que Bernardo, piensa en la libertad como fruto de la perfecta armonía en la persona humana. Hay en el corazón del hombre una auténtica división, un merismo radical, y una dispersión entre la voz creadora, el soplo vivificador y el ser caótico que sólo vive en una nostalgia radical. En efecto, Dios había soplado sobre el hombre (Gen 2,7) su <<spiraculum vitae>> el soplo de vida, (spiritus) pronunciando una palabra (vox): <<Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza (Gén 1,26). Vino el pecado y dispersó al Espíritu. Entonces, en el fondo del corazón del hombre quedó la palabra como juez intransigente y acusador; la conciencia (vox conscientiae). Su actuación es siempre benéfica, ya que es una llamada incesante a la propia reintegración, a la libertad. Para Guillermo, la libertad es la resultancia de la reunificación entre el Espíritu, la Palabra y el corazón del hombre. Implica, por lo tanto, la perfecta armonía, la quietud por antonomasia. Así vivía Adán en el paraíso; así seguía a la naturaleza en todo, pues la naturaleza es buena, es imagen de Dios. Guillermo se plantea el problema del hombre con un cierto trasfondo estoico y, al mismo tiempo, con una intensa impregnación bíblica.
El esquema que desarrolla Elredo de Rievaulx es más psicológico. Aquí la teoría agustiniana se hace más evidente. Isaac de Stella no olvida tampoco esta cuestión; pero adopta unas categorías más filosóficas y rebuscadamente racionales.



SAN BERNARDO DE CLARAVAL.

Edición bilingüe preparada por 

LOS MONJES CISTERCIENSES DE ESPAÑA.

BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS.