Esto fue lo que le preguntaron cierta tarde al Abad Daniel algunos monjes que no sabían de qué manera el cuerpo y el espíritu contribuyen fraternalmente al desarrollo del hombre. Y el abad Daniel se pensó un poco lo que iba a decir a los monjes y, finalmente, habló y dijo:
-Miren: en la medida en que el cuerpo prospera y engorda. el alma se debilita. Y el alma prospera y se hace fuerte cuando el que se debilita por la mortificación es el cuerpo.
APOGTEMAS
DE LOS PADRES DEL DESIERTO.
Editorial: MONTE CARMELO.

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