Infinito, el dolor que supera cualquier tortura imaginable. La oscuridad, cual nubes amenazantes, estaban envolviendo completamente todo mi ser.
La oración de aquella noche se hacía cada vez más profunda y apesadumbrada, una oración de perdón por todos. El cielo estaba todavía cerrado a mis súplicas. La justicia reclamaba reparación por todos los pecados cometidos. Se me presentaron el tiempo presente y el futuro y pude ver con detalle el tremendo suplicio. Si, yo, debía aceptar en su totalidad completar la obra por la que había venido. Qué tremendo peso sobre mi espalda humana, mientras el cuerpo se sentía aplastado y dolorido. Pude ver por anticipado el resultado del suplicio: La Iglesia naciente, los Apóstoles, los mártires, y todos los redimidos.
Y también, la tremenda persecución a mi Iglesia, la guerra, las enfermedades, todo atentado que el hombre aún comete, dañando a la creación entera y así mismo.
Vigilia de Jueves Santo
Hora Santa
ADORACIÓN NOCTURNA FEMENINA ESPAÑOLA (A.N.F.E)
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