Ella es, en efecto, el cimiento sobre el cual se amontona y descansa todo el desorden de los pecados. Si le diéramos la vuelta, se derribarían los muros de Jericó, es decir, acabamos con el pecado (Jos 6). Esto, sin embargo, no quiere decir que sea necesario el voto de obediencia para alcanzar la perfección.
HERP
DIRECTORIO DE CONTEMPLATIVOS.
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