La tercera cautela que has de advertir es que nunca en los ejercicios espirituales pongas los ojos en lo sabroso de ellos para asirte a él, sino en lo desabrido y trabajoso de ellos para abrazarlo, porque de otra manera ni perderás amor propio ni ganarás amor de Dios.
SAN JUAN DE LA CRUZ.
Notas biográficas
por José Jiménez Lozano.

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