Cuando un espíritu invisible se hace presente, se estremece el cuerpo de temor; pero si se torna presente un ángel se regocija el corazón de los humildes. Por tanto, sintiendo por este efecto la presencia de su venida, corramos de prisa a la oración, porque nuestro buen guardián viene a unirse a nuestra oración.
El que ha vencido la pusilanimidad, es evidente que ha consagrado su vida y su alma a Dios.
JUAN CLIMACO.
ESCALÓN DECIMONOVENO.
ESCALA DEL PARAÍSO.
EDICIONES MONTE CASINO.

No hay comentarios:
Publicar un comentario