Bendito, pues, el fruto de tu vientre, el cual bendijo Dios para siempre; por cuya bendición también eres bendita tú entre las mujeres, porque no puede llevar un árbol malo un fruto bueno. Bendita tú, vuelvo a decir, entre las mujeres, pues te libraste de la general maldición en que se dijo: En tristeza darás a luz los hijos; y no menos de aquella que se siguió: Maldita la estéril en Israel; y conseguiste una especial bendición, por la cual ni permaneces estéril ni das a luz con dolor. ¡Dura necesidad y yugo grave que oprime a todas las hijas de Eva! Si dan a luz son atormentadas con los dolores; sino dan a luz son maldecidas. ¿Qué harás, virgen, que oyes esto y que lees esto? Si deseas tener parto serás afligida entre angustias; si permaneces estéril serás maldecida. ¿Qué escoges, Virgen prudente? Por todas partes, dice, me cercan angustias. Sin embargo, mejor es para mí incurrir en la maldición y permanecer casta, que concebir primero por la conscupiscencia lo que después justamente habría de dar a luz con dolor. Por esta parte, aunque veo la maldición, pero no el pecado; más por la otra, veo el pecado y juntamente el tormento. En fin, ¿esta maldición es más que el improperio de los hombres? No por otra cosa se llama la estéril maldita, sino porque los hombres la improperarán y despreciarán como inútil e infructuosa en Israel. Pero para mí nada importa que desagrade a los hombres, como pueda presentarme a Cristo, Virgen casta. ¡Oh Virgen prudente! ¡Oh Virgen devota! ¿Quién te enseñó que agradaba a Dios la virginidad? ¿Qué ley, qué rito, qué página del Viejo Testamento manda, aconseja, exhorta a vivir en la carne castamente y a tener una vida propia de los ángeles de la tierra? ¿En dónde lo has leído. Virgen devota, que la sabiduría de la carne es muerte; y no queráis contentar vuestra sensualidad satisfaciendo a sus deseos? ¿en dónde has leído de las vírgenes que cantan un nuevo cántico que ningún otro puede cantar y que siguen al Cordero adonde quiera que vaya? ¿En dónde has leído que son alabados los que se hicieron continentes por el reino de Dios?¿En dónde has leído: aunque vivimos en la carne nuestra conducta no es carnal? Y ¿y aquel que casa a su hija, hace bien; y aquel que no la casa hace mejor. ¿Dónde has oído: Quisiera que todos vosotros permanecierais en el estado en que yo me hallo: y bueno es para el hombre si así permaneciere, como yo le aconsejo? En cuanto a las vírgenes, dice, no he recibido precepto del Señor, pero doy consejo. Más tú, no digo precepto, pero ni consejo, ni ejemplo tenías, sino que la interior moción de Dios te lo enseña todo, y su palabra viva y eficaz, haciéndose primero tu maestro que hijo tuyo, instruyó antes tu mente, que se vistió de tu carne. Haces voto, pues de presentarte a Cristo virgen, sin saber que está reservado para ti ser Madre. Escoges ser despreciable en Israel e incurrir en la maldición de la esterilidad para agradar a aquel Señor en cuyos ojos obras lo más perfecto; y mira cómo la maldición se trueca en bendición y la esterilidad se compensa con la fecundidad.
SAN BERNARDO ABAD.
Doctor de la Iglesia.
Editorial Apostolado Mariano.

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