
Quien hace la limosna a imitación de Dios, no conoce distinción entre malo y bueno o entre justo e injusto, en las cosas necesarias al cuerpo, sino que distribuye a todos por igual según la necesidad, aunque por una buena elección preferiría el virtuoso al malo.
MÁXIMO EL CONFESOR.
TRATADOS ESPIRITUALES.
BIBLIOTECA DE PATRÍSTICA.
EDITORIAL CIUDAD NUEVA.
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