El pecado del hombre es un drama de división en sí mismo: es la separación entre la imagen y la semejanza... La imagen es imborrable, sella al alma y al cuerpo. Pero el alma sobre todo, formada a imagen de Dios y muy semejante a su modelo, está presente en el cuerpo como Dios lo está en el mundo. Tal doctrina, que normalmente inspira entusiasmo en un autor como Guillermo de Saint-Thierry, en Bernardo tremendamente existencial, despierta la necesidad de asumir la realidad tal cual es, bien amarga por cierto. La imagen se conserva, pero la semejanza con Dios se ha perdido. Pérdida que es una expulsión del Paraíso de la buena conciencia, con los vestidos de pieles de Adán. El hombre sale del paraíso "encorvado". El vestido superpuesto es de encorvamiento, "ánima curva", una pérdida de la rectitud. "Desemejante a Dios, desemejante así mismo". Pérdida de la unidad, logro de la duplicidad. "Un doble vestido de la semejanza y de la desemejanza". Duplicidad que implica multiplicidad y división "en la medida en que tú has abandonado a Aquel de quien eres imagen y has quedado infectado de imágenes extranjeras". "Hemos sido creados a imagen y semejanza del Creador, y hemos caído desde Dios mismo encima de nuestros pecados; e incluso más bajo que nosotros mismos, en una desemejanza tan profunda en donde de suyo no hay esperanza alguna.
SAN BERNARDO DE CLARAVAL.
Edición bilingüe preparada por
LOS MONJES CISTERCIENSES DE ESPAÑA.
BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS.

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