Ut Ómnibus Glorificetur Deus (para que en todo sea glorificado Dios).

Santa Regla de San Benito, capítulo 57.

domingo, 30 de agosto de 2026

Terapia del corazón herido, asumir la propia realidad.



 Más que la carne es el corazón (cor), el espíritu, el que está herido. Hay en nosotros una desconcertante incoherencia, una extraña alianza de aspiraciones contrarias, <<un matrimonio de la razón con la muerte>>. Y dentro del corazón, el núcleo esencial que caracteriza a la persona humana, la libertad. Bernardo toca con el dedo el drama a carne viva del hombre, un drama paradójico. <<Es la misma voluntad que, libre, se ha hecho esclava del pecado, consintiendo en él; la voluntad se somete por sí misma al pecado. Miseria y grandeza del hombre: libertad y esclavitud simultáneas. Esclavo por causa de la necesidad, libre a causa de la voluntad. <<Soy libre porque soy semejante a Dios, soy miserable porque soy contrario a Dios>>.

El conocimiento del corazón, de la paradoja que el hombre encierra, es el camino de la verdadera ciencia interior: <<Lee hombre en tu corazón; lee dentro de ti mismo>>. Es el punto de partida de la conversión. Es una lectura que proporciona un conocimiento experiencial, no nocional ni conceptual. Al fin y al cabo, el único método de la auténtica ciencia interior. Todo se reduce a conocer el drama del corazón asumiéndolo en Dios. Es parte del ejercicio de la <<consideratio>>, como se dirá más adelante. Guillermo de Saint-Tierry, más que Bernardo quizá, propugna un conocimiento experiencial sosegado y optimista, porque, en última instancia, la paradoja se resuelve por sí misma. En el fondo del corazón siempre hay un encuentro. Pero es preciso horadar. <<Profundicemos dentro de nosotros mismos, en nuestro microcosmos, en este pequeño mundo en miniatura que somos, y veamos algo allá adentro...>>. La naturaleza del hombre no está afectada por el mal en sus raíces esenciales.

Bernardo descubre, en el colmo de la contradicción y de la división, una capacidad de Dios y un reflejo de su grandeza. La miseria y sus secuaces son la condición indispensable para que el hombre sea <<capax Dei>>, capacidad de Dios. Comentando a Habacuc (2,1), Bernardo evoca la voz de Dios que habla al corazón del hombre y que no cesa de llamarle hacia ese centro, su propio interior, en donde tendrá que oír reproches y avisos, consejos y consuelos, es decir, palabras agridulces. <<Que nuestra preocupación no se escape hacia lo esfumoso de este miserable cuerpo, sino al corazón, en donde Cristo mora>>. Miseria, pues, instalada en el núcleo del núcleo de la persona, valga la redundancia. Mientras instalada en la libertad, la vida del corazón, glándula pineal de la vida espiritual. En su misma raíz, la voluntad es libertad, <<ubi libertas, ibi consensus>>. <<Tam liberrimum quam spontaneum>>. 



SAN BERNARDO DE CLARAVAL.

Edición bilingüe preparada por 

LOS MONJES CISTERCIENSES DE ESPAÑA.

BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS.





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